Hablar
Nunca me atreví a decir las cosas abiertamente. Simplemente, me daba vergüenza. El calor me invadía de manera sobrenatural y unos sudores fríos se apoderaban de mi espalda. Era difícil expresar lo que mi mente y mi corazón dictaban. Callar siempre no es la mejor opción. Ahora sé qué tengo que decir en el momento adecuado (o eso creo). Me siento mejor persona. Me siento mejor conmigo mismo.
Revryk